Santiago Niño Becerra, uno de los economistas más conocidos y polémicos de España, ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que genera debate: la situación económica de los jóvenes y el papel que juegan los pensionistas en su sostenimiento. En declaraciones recientes, el catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramon Llull señaló que “el 40% de los pensionistas ayudan económicamente a sus descendientes”, una cifra que refleja tanto la fragilidad financiera de las nuevas generaciones como la importancia de las pensiones en la economía familiar.
Para Niño Becerra, este fenómeno no es nuevo, pero sí se ha intensificado en la última década. Según su análisis, la precariedad laboral, la dificultad para acceder a la vivienda y los bajos salarios han provocado que muchos jóvenes adultos dependan en gran medida de la ayuda de sus padres o abuelos. Esto genera un escenario en el que las pensiones, lejos de ser un ingreso destinado únicamente al bienestar de las personas mayores, se convierten en un recurso colectivo que sostiene a varias generaciones dentro de una misma familia.
El dato del 40% llama especialmente la atención porque no se trata de una ayuda puntual, sino de un apoyo económico constante. Muchos pensionistas colaboran con el pago del alquiler o la hipoteca de sus hijos, cubren gastos de alimentación o incluso ayudan con los estudios y actividades de sus nietos. La paradoja, como apunta el economista, es que en muchos casos las pensiones son más estables que los ingresos de los propios jóvenes, lo que convierte a los jubilados en un pilar de la economía doméstica.
Niño Becerra también subraya que este fenómeno está directamente relacionado con el modelo productivo español, basado en sectores de baja productividad y salarios reducidos, como la hostelería o el turismo estacional. A su juicio, este esquema genera un mercado laboral que no permite a los jóvenes alcanzar la independencia económica a edades tempranas, lo que retrasa hitos tradicionales como la compra de vivienda, la formación de una familia o la acumulación de ahorro.
Otro aspecto que el economista destaca es la desigualdad generacional en términos de patrimonio. Mientras que los pensionistas de hoy lograron acumular bienes en un periodo de mayor estabilidad económica y acceso más sencillo a la vivienda, los jóvenes actuales se enfrentan a precios de la vivienda desorbitados y a un mercado laboral mucho más competitivo. La consecuencia es clara: el patrimonio de los mayores sirve como colchón frente a la vulnerabilidad de los jóvenes.
Este análisis también plantea interrogantes sobre el futuro. Niño Becerra advierte que la sostenibilidad del sistema de pensiones es un tema que sigue sin resolverse, y que las próximas generaciones podrían no contar con el mismo nivel de protección. Si los jubilados de hoy ya están sosteniendo a sus descendientes, ¿qué ocurrirá cuando los actuales jóvenes lleguen a la edad de jubilación y no tengan un patrimonio sólido ni pensiones suficientes?
El economista catalán insiste en que se trata de un problema estructural que no puede resolverse únicamente con ajustes puntuales. Propone una reflexión profunda sobre el modelo económico, la productividad y la redistribución de la riqueza en España. Mientras tanto, la realidad es que las pensiones no solo cumplen su función de garantizar una vejez digna, sino que se han convertido en un mecanismo invisible de cohesión social y económica, sosteniendo a millones de jóvenes que, de otro modo, no podrían hacer frente al coste de la vida en el país.
Niño Becerra, fiel a su estilo directo, concluye que la situación es el reflejo de un modelo que ha priorizado el corto plazo sobre la planificación a largo plazo. Y aunque sus palabras generan debate, lo cierto es que la imagen de abuelos y padres sosteniendo económicamente a sus hijos y nietos se ha normalizado en España, evidenciando una dependencia intergeneracional que cada vez se hace más fuerte.
